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El duelo migratorio: legislar para una nueva realidad del retorno

Comprender el impacto emocional, social y económico del retorno es el primer paso para construir una política pública de reintegración efectiva.

Por César Ríos
Especialista en Migración, Desarrollo Local y Diáspora

El duelo migratorio y la nueva realidad del retorno

Resumen ejecutivo

El Salvador enfrenta una nueva etapa en su dinámica migratoria. El incremento de las deportaciones desde Estados Unidos no representa únicamente un desafío administrativo, sino también humano, social y político.

Cada vez regresan más salvadoreños que vivieron durante años —e incluso décadas— en el exterior, donde construyeron familias, patrimonio, redes sociales y un proyecto de vida. Hablar del duelo migratorio significa reconocer que el retorno forzado implica pérdidas que requieren respuestas diferenciadas desde la política pública.

Una realidad que está cambiando

En El Salvador seguimos utilizando la palabra “deportado” como si describiera una única realidad.

No lo hace.

Durante el primer semestre de 2026, el país recibió 10,504 personas deportadas, un incremento del 73.8 % respecto al mismo período de 2025.

Además, entre junio de 2025 y mayo de 2026 fueron retornados 18,469 salvadoreños, según datos oficiales.

Las cifras muestran la magnitud del fenómeno, pero no explican quiénes están regresando.

Muchos ya no son personas detenidas poco tiempo después de cruzar la frontera. Son salvadoreños que vivieron durante veinte o treinta años en Estados Unidos. Allí trabajaron, pagaron impuestos, compraron viviendas, emprendieron negocios, criaron hijos y desarrollaron una nueva identidad social.

Su retorno representa mucho más que un cambio de residencia. Representa la pérdida de una vida completa.

El doble desarraigo

La experiencia migratoria puede entenderse como una historia de dos separaciones.

La primera ocurrió cuando miles de salvadoreños dejaron atrás a sus padres, hijos, hermanos y comunidades para buscar oportunidades en otro país.

La segunda ocurre cuando son obligados a regresar.

Esta vez dejan atrás a sus hijos, muchos de ellos ciudadanos estadounidenses; abandonan empleos, viviendas, negocios, amistades y comunidades donde reconstruyeron su proyecto de vida.

Ese doble proceso de pérdida constituye lo que podemos denominar duelo migratorio.

El duelo migratorio no es únicamente nostalgia.
Es un proceso psicológico, social y económico que puede afectar la identidad, la estabilidad emocional y la capacidad de reconstruir la vida.

La reintegración requiere mucho más que asistencia inmediata

Tradicionalmente, las políticas de atención al retorno se concentran en la recepción inmediata.

Se entrega documentación, alimentación básica y transporte.

Sin embargo, estas acciones resultan insuficientes frente a las necesidades de quienes regresan después de décadas viviendo fuera del país.

La verdadera reintegración requiere atención psicológica, orientación laboral, reconocimiento de competencias adquiridas en el extranjero, acceso al crédito, programas de vivienda y mecanismos que faciliten la reunificación familiar.

También implica reconstruir vínculos sociales que, en muchos casos, se rompieron hace años.

Una reintegración efectiva debería incluir

  • Atención psicológica y acompañamiento emocional.
  • Orientación e inserción laboral.
  • Reconocimiento y certificación de competencias.
  • Acceso a crédito y emprendimiento.
  • Programas de vivienda y protección patrimonial.
  • Reconstrucción de vínculos familiares y comunitarios.

Un desafío pendiente para la política pública

Los datos muestran que todavía existe una brecha importante entre el número de personas retornadas y quienes logran incorporarse a programas de reintegración.

Esto evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades institucionales y diseñar políticas diferenciadas según el perfil de cada persona retornada.

No enfrenta los mismos desafíos quien fue detenido al intentar ingresar irregularmente a otro país que quien regresa después de veinte años de residencia, dejando atrás una familia binacional y un patrimonio construido durante décadas.

Antes de diseñar políticas de reintegración, debemos saber quiénes están regresando y qué historia trae cada persona consigo.

El papel de los futuros diputados de la diáspora

En 2027, por primera vez, la diáspora salvadoreña elegirá seis diputados a la Asamblea Legislativa.

Su papel no debería limitarse a representar a quienes viven en el exterior.

También tendrán la responsabilidad de impulsar un marco jurídico moderno que responda a las nuevas realidades del retorno.

Esto implica legislar sobre reintegración económica, salud mental, reunificación familiar, protección patrimonial, portabilidad de derechos, reconocimiento de competencias laborales y fortalecimiento de los vínculos entre el Estado y las familias transnacionales.

Una agenda legislativa para la nueva realidad migratoria

  • Salud mental y acompañamiento psicológico.
  • Reinserción laboral y reconocimiento de competencias.
  • Protección patrimonial de familias transnacionales.
  • Portabilidad de derechos y beneficios.
  • Reunificación familiar.
  • Políticas diferenciadas de reintegración según el perfil de cada persona retornada.

Del retorno administrativo al retorno humano

El mayor desafío consiste en dejar de ver el retorno únicamente como un procedimiento migratorio.

Cada persona retornada trae consigo una historia de esfuerzo, adaptación, pérdidas y expectativas.

Diseñar políticas públicas sin comprender esa experiencia limita las posibilidades de una reintegración exitosa.

El duelo migratorio no es un asunto secundario.

Es una condición que puede influir directamente en la salud mental, la estabilidad familiar, la inserción laboral y la participación social de quienes regresan.

Reconocerlo es reconocer la dimensión humana de la migración.

Conclusión

El Salvador necesita una nueva generación de políticas migratorias que comprendan que el retorno no termina cuando una persona cruza nuevamente la frontera.

En muchos casos, ese es apenas el inicio de un proceso complejo de reconstrucción personal, familiar y comunitaria.

El verdadero desafío no consiste únicamente en recibir a quienes regresan.

El reto es evitar que el retorno se convierta en una segunda expulsión, esta vez dentro de su propio país.

Comprender el duelo migratorio es el primer paso para transformar el retorno en una oportunidad de inclusión, desarrollo y reconstrucción.

César Ríos
Especialista en Migración, Desarrollo Local y Diáspora

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AAMES – Asociación Agenda Migrante El Salvador

Análisis, propuestas y gobernanza para las migraciones.

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